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Familia Zaragoza, el sueño de emprender desde cero con yerba mate

Una inspiradora historia de migración, resiliencia familiar y producción artesanal de yerba mate en la provincia de Misiones.

En el año 2008, Carla Zaragoza tomó una determinación radical que transformaría por completo el rumbo de su hogar: se subió a un tren con sus dos hijos y dejó atrás la provincia de Buenos Aires. Sin contactos previos, sin garantías financieras y sin un plan de contingencia, se impulsó únicamente por la firme convicción de edificar un horizonte más próspero.

Tras instalarse en Oberá, Misiones, comenzaron desde los cimientos. A base de esfuerzo constante, dedicación y una perseverancia inquebrantable, moldearon una nueva realidad cotidiana. Años más tarde, al momento de bautizar la yerba mate que comercializaban, la denominación surgió de manera natural y evidente: Familia Zaragoza.

Esta marca encarna determinación, espíritu emprendedor, sensibilidad a flor de piel y una intensa carga emotiva. El relato de superación y el profundo lazo afectivo entre una madre cabeza de familia y sus hijos queda plasmado en cada paquete. Para coronar dicha identidad, seleccionaron una materia prima con secanza barbacuá, caracterizada por un perfil ahumado profundo que evoca el monte nativo, el fogón y la camaradería.

Dialogamos con Santiago Paz, uno de los hijos de Carla y motor fundamental del emprendimiento, para conocer en detalle la esencia de esta firma yerbatera.

El gran salto: de Buenos Aires a la tierra colorada

— ¿Qué motivos llevaron a Carla Zaragoza a abandonar Buenos Aires y por qué eligieron específicamente Oberá para asentarse?

— Vivíamos en la Zona Oeste de Buenos Aires. En ese momento, mi mamá atravesaba un momento muy complejo y sentía la necesidad de barajar y dar de nuevo. Vinimos a Misiones de vacaciones por invitación de una amiga y conocimos Oberá. A mí me fascinó desde el primer día y a ella le dio la seguridad absoluta de que era el sitio ideal para vernos crecer.

Fue una decisión categórica: volvimos a Buenos Aires, acomodamos las valijas y a los pocos meses nos mudamos de forma definitiva mi mamá, mi hermano (que era un bebé) y yo, que tenía 7 años. Oberá nos conquistó por su tranquilidad, su entorno natural, sus cerros y, sobre todo, por la calidez de su gente. Supimos que allí podíamos construir una vida diferente.

De la necesidad al nacimiento de la marca

— Ante tantas alternativas de proyectos, ¿cómo y por qué la yerba mate pasó a constituir el núcleo de la economía doméstica?

— En realidad, no fue nuestro primer emprendimiento. Al llegar hacíamos de todo para sostener el hogar: mi mamá confeccionaba artesanías, hacía costuras, participaba en ferias y vendía artículos de limpieza puerta a puerta.

Años después, a mamá le diagnosticaron una artritis degenerativa que le fue quitando fuerzas y dificultando el trabajo físico, hasta impedirle seguir el ritmo anterior. Por entonces, yo trabajaba en una empresa yerbatera; conocía el producto y visualicé una oportunidad clara.

Decidimos crear Familia Zaragoza como un homenaje a ella. Queríamos otorgarle un espacio propio, un proyecto que nadie le pudiera quitar. Como mi hermano y yo ya teníamos nuestras ocupaciones, le armamos una estructura para que pudiera atender a sus propios clientes desde casa vía telefónica, sin exigencias físicas.

Mi hermano se encargó del empaquetado y los despachos, y yo de la relación con los productores, el molino y el desarrollo de la marca. Hoy, gracias a articular el trabajo con un molino habilitado, la yerba mate es nuestro principal sustento y los tres lo motorizamos de forma descentralizada: mi hermano comercializa en Oberá, mi mamá mantiene su cartera y yo atiendo las ventas en Puerto Iguazú.

Calidad artesanal y proyección futura

— ¿De qué forma se provén de materia prima? ¿Cuentan con cultivos propios o se abastecen mediante productores de la zona?

— Hoy no contamos con plantaciones propias. Trabajamos en conjunto con productores y un molino artesanal de la zona bajo la modalidad de producción tercerizada. Elegimos este camino porque nos permite seleccionar minuciosamente la materia prima y sostener el estricto estándar de calidad que buscamos, confiando en personas con un compromiso enorme por la tierra. A futuro, uno de nuestros grandes sueños es adquirir nuestros propios yerbales.

— ¿Tienen en carpeta el lanzamiento de nuevas líneas de productos o planes para expandir la marca?

— Sí, evaluamos varios proyectos. La idea es incorporar nuevas presentaciones de yerba mate y, más adelante, sumar otros productos vinculados al mundo matero. Nuestro objetivo es seguir expandiendo Familia Zaragoza con un límite claro: jamás perder la calidad ni la esencia con la que empezamos.

Un crecimiento paso a paso

— ¿Hace cuánto tiempo opera la marca en el mercado y de qué manera gestionan los canales de comercialización?

— El proyecto nació hace casi tres años, pero desde enero de 2026 contamos con la aprobación del RNPA y toda la documentación legal para comercializar con marca propia.

Hoy centralizamos las consultas a través de un número oficial de WhatsApp impulsado por nuestras redes sociales (Instagram, Facebook) y la web. Según la ubicación, la consulta se deriva internamente. Aunque el contacto inicial sea digital, detrás de la pantalla estamos nosotros, garantizando una atención humana, directa y personalizada.

Hacemos ventas presenciales en Puerto Iguazú y Oberá, y envíos a todo el país (tanto minoristas como mayoristas). Por el momento no ingresamos a cadenas de supermercados; preferimos un crecimiento gradual que asegure cuidar la calidad y la cercanía con el cliente.

La elección del Barbacuá: una filosofía de vida

— ¿Qué factores motivaron la elección del sistema barbacuá para la elaboración de la yerba?

— Porque nos enamoró desde el primer mate. Posee una personalidad única, con ese toque ahumado y torrado que no se encuentra en la yerba industrial.

Más allá del sabor, nos identificamos con su proceso. El barbacuá exige tiempo, paciencia, cuidado y mucha dedicación. Nuestra historia familiar se construyó exactamente igual: paso a paso, con esfuerzo y a fuego lento. Sentimos que este proceso artesanal representa a la perfección el alma de Familia Zaragoza.

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