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Mate y Parkinson: la ciencia detrás de un hábito que podría proteger el cerebro

Para muchos, el mate es una costumbre matutina. Pero según el trabajo de un científico argentino, ese hábito podría tener un vínculo directo con la prevención del Parkinson y la salud del cerebro a largo plazo.

Un investigador dedicado al Parkinson

Juan Ferrario es docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y dirige el Laboratorio de Neurobiología de la enfermedad de Parkinson en el Instituto de Biociencias, Biotecnología y Biología Traslacional (iB3). Desde hace más de diez años estudia cómo la yerba mate podría influir en la prevención de esta enfermedad neurodegenerativa, abordándola desde una mirada molecular.

Del café al mate: cómo empezó todo

Su interés no nació del mate, sino del párkinson. Ferrario comenzó a investigar la enfermedad en 1998, durante su tesis de grado, bajo la guía del neurólogo Oscar Gershanik, fundador del primer laboratorio argentino dedicado a esa patología.

El giro llegó unos años después, cuando se sumó a un grupo de investigación en el Hospital de la Pitié-Salpêtrière, en París, que estudiaba el efecto del café sobre el Parkinson. Fue en ese contexto —medio en broma, según cuenta— donde empezó a preguntarse si la yerba mate podía tener un efecto similar.

El regreso a Argentina y el hallazgo clave

Ferrario volvió al país en 2012. Tres años más tarde, un estudio mostró que quienes consumían mate presentaban menor riesgo de desarrollar Parkinson. Como su especialidad era justamente la neuroprotección —entender por qué mueren las neuronas dopaminérgicas, las afectadas por esta enfermedad, y cómo frenar ese proceso—, contaba con las herramientas para investigarlo a fondo.

Su equipo preparó un extracto de yerba mate y lo probó en cultivos de neuronas dopaminérgicas. El resultado fue contundente: el efecto protector superaba ampliamente al que se observaba con la cafeína sola.

No es la cafeína: la clave está en el ácido clorogénico

Ese hallazgo coincidió con otros estudios internacionales que mostraban que incluso el café descafeinado prevenía el Parkinson, lo que apuntaba a que la cafeína no era la responsable del efecto protector. La molécula señalada fue el ácido clorogénico, un compuesto presente en la yerba mate en una proporción considerable: cerca de 4 gramos cada 100 gramos de yerba.

Dos líneas de investigación, un mismo laboratorio

El equipo de Ferrario trabaja en dos frentes. El primero, y el más consolidado, estudia los cambios moleculares que produce la levodopa en el cerebro, el principal tratamiento farmacológico del Parkinson. El segundo —donde entra el mate— es la línea de neuroprotección, que ya había mostrado que el mate protege a las neuronas dopaminérgicas.

Qué hace el ácido clorogénico dentro de las neuronas

El siguiente paso fue entender cómo actúa el mate a nivel celular. Según explica Ferrario, el ácido clorogénico activaría mecanismos de limpieza celular y de balance energético, dos procesos que se ven alterados en la enfermedad de Parkinson.

Se trata de un hallazgo que su equipo todavía no publicó en una revista científica, pero que decidió adelantar públicamente porque otros grupos de investigación llegaron a resultados similares estudiando el café. Según remarca, nadie lo había demostrado todavía con mate, y su equipo planea publicarlo próximamente.

Un hábito que podría cuidar el cerebro

La hipótesis que atraviesa la investigación de Ferrario conecta así dos mundos: la tradición cotidiana del mate y la evidencia científica sobre neuroprotección, con el ácido clorogénico como principal candidato detrás de un posible efecto beneficioso todavía en vías de confirmación.


Fuente: entrevista de Tatiana Scherz Brener publicada en El País (Uruguay), «Mate y salud cerebral: científico explica el hallazgo sobre la yerba mate y la prevención del Parkinson».

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